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Matilda, el musical

¡Los niños tienen el derecho a hablar, ser escuchados, tenidos en cuenta y por qué no…a hacer una revuelta escolar!

Hemos pasado por el Nuevo Teatro Alcalá para disfrutar de esta versión dramática de Matilda, inspirada en el libro de Roald Dahl, donde la magia, rebeldía, amor y ternura se ponen al servicio de esta obra junto con mucho color, histrionismo y humor.

El elenco compuesto por niños y adultos, hacen de esta pieza literaria una fantasía visual, auditiva y actoral. La pequeña Matilda se enfrenta al mundo adulto con la valentía de quien sabe que a “a veces” para hacer el bien, hay que ser un poco revoltoso. Su familia “Los Warmwood”-quienes la desprecian constantemente- la observan, muy a su pesar, una niña inteligente y corajosa que se enfrentará a cualquier peligro poniendo fin a la era Trunchbull.

Es destacable el trabajo coreográfico, tanto del elenco adulto como de los niños. Los interpretes más pequeños sostienen durante tres horas una obra que les exige un nivel de predisposición corporal y vocal de alto rendimiento. Cabe mencionar que el apoyo del ensamble adulto es fundamental para que la obra pueda fluir sin cortes. Es cierto, el elenco está muy preparado para llevar a cabo esta pieza de teatro musical; los movimientos se ejecutan con precisión y mucho sentimiento, invitando al público a ponerse al son de las canciones.

En cuanto las actuaciones, es difícil en un reparto tan preparado destacar quienes sobresalen, ya que pueden tener la posibilidad de mostrarse todos los personajes (incluso los pequeños). Aun así, no se puede dejar de mencionar el trabajo de Daniel Orgaz (Trunchbull) que, siendo la directora más mala de todas, consigue la empatía y la sonrisa de cada niño en el público. Lo mismo ocurre con Mary Capel (Mrs. Warmwood) quien a pesar de su desprecio por Matilda, mantiene un carisma y una locura que hace reír al espectador en cada aparición

Si bien la obra cuenta con un ritmo que no cesa y mantiene alerta al auditorio, es cierto que por momentos puede llegar a ser un poco larga (un total de tres horas) y más para los ojos de un niño, que ante tanto estímulo visual puede sentirse atraído, pero sin duda, también puede ser agotador.

En definitiva, Matilda nos deja una huella de aventura y magia, pero sobre todo, nos dice que la infancia puede enseñarnos el sentido de la justicia, de atrevernos a decir lo que pensamos, de llevar con coraje nuestra vida y también…que está bien ser un poco traviesos.

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