Acércate a las artes escénicas y audiovisuales
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Ricardo III

El teatro, siempre un espacio de reflexión y experimentación, se convierte en un escenario para desafiar convenciones y explorar nuevas formas de comunicación en la obra «Ricardo III» que presencié el pasado 13 de octubre. En este montaje, el colectivo artístico dirigido por Marco Paiva se propuso ir más allá de los límites habituales del teatro, rompiendo con la dependencia excesiva de la palabra hablada y explorando la riqueza de la lengua de signos portuguesa y española.

Desde los primeros momentos de la función, queda claro que estamos ante un proyecto que se mueve en las aguas de lo no convencional. La elección de interpretar la obra en lengua de signos portuguesa y española, con sobretítulos en castellano, rompe con la norma establecida, invitando al público a experimentar la narrativa desde múltiples perspectivas lingüísticas. Esta elección se alinea con la misión del colectivo de abrir nuevas perspectivas de práctica y disfrute teatral, desafiando la razón y apelando a la intuición y la empatía.

En el corazón de la propuesta está la contradicción entre la obra de Shakespeare y el enfoque del colectivo. Al partir de la no-normatividad física de un personaje belicoso y egocéntrico como Ricardo III, el equipo argumenta que la adhesión estricta a las normas puede conducir a la alienación y la falta de empatía. La traición y la manipulación, estrategias utilizadas por el personaje principal para alcanzar el poder absoluto, se convierten en herramientas teatrales para despojar al público de los códigos convencionales, sumergiéndolos en gramáticas teatrales alternativas.

La obra transforma el asesinato de Ricardo III en un acto simbólico de renacimiento para el teatro. La diversidad se convierte en la clave, y la puesta en escena, llena de innovaciones y diálogos entre diferentes lenguas y lenguajes, se presenta como una oportunidad para liberar al teatro de sus limitaciones habituales y encontrar un lugar colectivo más feliz.

El elenco, encabezado por David Blanco, Ángela Ibáñez, María José López, Marta Sales, Vasco Seromenho y Tony Weaver, demuestra una notable destreza en la expresión no verbal, llevando la historia a través de gestos y signos que trascienden las barreras lingüísticas. La escenografía de José Luis Raymond, la iluminación de Nuno Samora, el vestuario de Ikerne Giménez y el sonido de José Alberto Gomes contribuyen a la creación de un mundo teatral único e inmersivo.

La colaboración entre el Centro Dramático Nacional, el Teatro Nacional D. Maria II y Terra Amarela, respaldada por el Teatro Nacional São João y el Cineteatro Louletano, muestra la importancia de la unión de fuerzas para llevar a cabo proyectos audaces y transformadores. En última instancia, la obra no solo desafía las expectativas sobre la representación de Ricardo III, sino que también invita a la audiencia a cuestionar las normas teatrales establecidas y a abrazar la diversidad como un camino hacia un teatro más vibrante y enriquecedor.

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